Conociendo a Paquiño

Desde que le vi por primera vez, quise conocerle un poco mejor. Fue en la Feira das Maulas de Galdo.

A los pocos días, coincidimos en la panadería de Luis, y cambiamos algunas palabras. Te tenía visto, me dijo. Eu tamén, dije yo.

Su tono de voz, su alegre y atropellada sonrisa, su mirada tranquila y sincera, me cautivaron…a los pocos minutos parecíamos colegas de toda la vida.

Supe luego por Luis, que era el responsable de mantener las máquinas de mallar. Unos cacharros enormes de principios del siglo XX que Paquiño y custodia con mimo en su casa de A Lagoa, arriba en la montaña.

Al parecer esas máquinas llevan en la familia casi cien años. Su abuelo, su padre y ahora él han trabajado muy duro para que la gente de estas tierras tuviera pan en la mesa

Y quise conocerle aún más. Mucho más.

Me imaginaba lo complicado que sería vivir allí arriba. También imaginé que disfrutaría mucho con esa responsabilidad, voluntariamente adquirida, de custodiar unas máquinas que ya nadie usa.

Me imaginé también contando su historia y se lo propuse a Mamen y a Luis. Pensamos que sería buena idea para hablar también de todo lo que ocurre de un año a otro, de una cosecha a otra….

A los pocos días subíamos los tres juntos a verle.

Comenzaba el rodaje de «Paquiño, o gardián das máquinas»

PD: El mundo está lleno de amigos desconocidos. Sólo hay que acercarse un poco para comprobarlo…;)

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