En los últimos tiempos, hemos experimentado en España el crecimiento desproporcionado y masivo de una energía eólica que no ha sido correctamente planificada.
Con más de1300 parques y 22.000 aerogeneradores instalados en 1.053 municipios, la eólica ya está invadiendo zonas protegidas, afectando gravemente la biodiversidad, los paisajes y los ecosistemas, que son alterados irreversiblemente.
El impacto social ha sido igualmente negativo.
El informe Do renewables create local jobs? concluye que «las inversiones eólicas tienen un efecto muy bajo y sin significado estadístico en el empleo local en la fase de construcción y mantenimiento”.
Ni la solar ni la eólica rebajan más allá del 1% la tasa de paro del municipio, lo que hace pensar a las autoras del informe (entre ellas Natalia Fabra, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid) que las empresas recurren a trabajadores de otros lugares.
El informe del Banco de España enfría las previsiones de las renovables: ni se ha fijado población rural, ni la economía ha despegado en los territorios «afectados», como se prometía a principios de siglo.
Las grandes empresas energéticas obtienen muchos beneficios (a veces incluso exportando una parte significativa de la electricidad que se genera localmente) mientras que las comunidades rurales afectadas no ven una mejora real en sus vidas y el territorio se queda con profundos impactos ambientales sobre el paisaje y sobre especies de aves y murciélagos.
Por otra parte, todavía no está resuelta la gestión responsable de los residuos de los parques eólicos ya obsoletos. Por ejemplo, no se sabe qué hacer con las palas, compuestas por polímeros difíciles de separar. Actualmente se entierran o se queman con graves efectos ambientales.
Ni la economía circular, de la que tanto se habla, ni la protección de la biodiversidad, ni la apuesta por eliminar desigualdades, están dentro del desarrollo de la energía eólica en España.
¡La transición ecológica no era esto!
No se trata de expoliar el entorno ni explotar a los más vulnerables.
No existe un desarrollo económico y social equitativo.
Sólo un modelo que combine el respeto por el medio ambiente y el bienestar de las comunidades locales puede asegurar una transición justa y equilibrada.
Bajar los brazos es levantar la voz.
Renovables si, pero no así.
Pieza ligera hecha con todo el amor para el Observatorio de Sostenibilidad.
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Guión, foto, edición @borjazausen